vie 11a. Ordinario año Par (Id=420)

Primera Lectura

Ungieron a Joás y gritaron: "¡Viva el rey!"

Lectura del segundo libro de los Reyes
11, 1-4.9-18.20

Por aquellos días, Atalía, madre de Ocozías, al ver que su hijo había muerto, fue y exterminó a toda la familia del rey. Pero cuando los hijos del rey iban a ser asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, se llevó a escondidas a Joás, hijo de Ocozías, y a la mujer que lo cuidaba, y lo escondió en el dormitorio para evitar que Atalía lo asesinara. Este estuvo escondido con ellas en el templo del Señor durante seis años, mientras Atalía gobernaba el país.
El año séptimo, Yoyadá convocó a los jefes de cien de los carios y de la guardia del rey, y los hizo venir al templo del Señor. Hizo con ellos un pacto y, previo juramento en el templo del Señor, los mostró al hijo del rey.
Los jefes de cien cumplieron al detalle las órdenes del sacerdote Yoyadá; cada uno reunió a sus hombres, que se turnaban en el servicio de guardia el sábado, y se presentaron al sacerdote Yoyadá. Este les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo del Señor. Los de la escolta del rey, con sus armas en la mano, se colocaron de sur a norte rodeando el altar y el templo para proteger al rey. Entonces Yoyadá sacó al hijo del rey y le colocó la corona y las insignias del rey; después lo ungió y lo proclamó rey. Y todos entre grandes aplausos gritaron:
"¡Viva el rey!"
Cuando Atalía oyó el tumulto de los guardias y de la gente, fue al templo del Señor, y vio al rey de pie sobre el estrado, según la costumbre. Los oficiales y los que tocaban las trompetas estaban a su lado, mientras la gente gritaba alegremente y resonaban las trompetas. Atalía se rasgó las vestiduras y gritó:
"¡Traición, traición!"
El sacerdote Yoyadá ordenó a los jefes de cien que estaban al mando del ejército:
"Sáquenla fuera del recinto del templo y maten a todo el que la siga".
Como el sacerdote había dicho que no la mataran en el templo del Señor, la arrestaron y, pasada la puerta de las caballerizas del rey, la mataron.
Yoyadá selló un pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, por el cual éste se comprometía a ser el pueblo del Señor. Inmediatamente todo el pueblo entró en el templo de Baal y lo destruyó. Hicieron completamente pedazos sus altares e imágenes, y degollaron a Matán, sacerdote de Baal, ante los altares. Después, el sacerdote Yoyadá dejó guardias en el templo del Señor. Todo el pueblo se llenó de alegría y la ciudad recobró la calma. Atalía había muerto a espada en el palacio del rey.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 131, 11.12.13-14.17-18

Dios le dará el trono de su padre David.
Elégit Dóminus Sion in habitatiónem sibi

El Señor hizo a David un juramento, una promesa de la que no se retractará:"A un descendiente tuyo colocaré en tu trono.
Dios le dará el trono de su padre David.
Elégit Dóminus Sion in habitatiónem sibi

Si tus hijos guardan mi alianza y los decretos que les he enseñado, también sus hijos se sentarán sobre tu trono para siempre".
Dios le dará el trono de su padre David.
Elégit Dóminus Sion in habitatiónem sibi

Pues el Señor ha elegido a Sión, ha querido vivir en ella: "Este será el lugar de mi reposo para siempre, aquí quiero habitar.
Dios le dará el trono de su padre David.
Elégit Dóminus Sion in habitatiónem sibi

Allí suscitaré a David un vástago, daré un descendiente a mi ungido; a sus enemigos los cubriré de vergüenza, pero a él lo colmaré de esplendor".
Dios le dará el trono de su padre David.
Elégit Dóminus Sion in habitatiónem sibi

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Beáti páuperes spíritu, quóniam ipsórum est regnum caelórum
Aleluya.

Evangelio

Donde está tu tesoro, allí está tu corazón

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 19-23

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"No amontonen tesoros en esta tierra, donde la polilla y la herrumbre echan a perder las cosas, y donde los ladrones perforan los muros y los roban. Amontonen mejor tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre echa a perder las cosas, y donde los ladrones no perforan los muros ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.
El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo está iluminado; pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tiniebla, ¡qué grande será la oscuridad!"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]